Por eso este año os hemos metido en la vorágine del cachondeo a tope. Primero me he sacado fotos en todo entorno con cementerios, calabazas y demás. Incluyendo la tÃpica compra irracional de camiseta que sólo te puedes poner una semana porque pone Happy Halloween y tiene calabazas por doquier... Vamos. Que hemos saltado al consumismo naranja de forma desorbitada.
La primera compra infructuosa fue la calabaza. Mi madre se las prometÃa muy felices. "Esto es muy fácil", "se vacÃa y se hace un dibujo en un suspiro"... Pues menos mal que no se nos puso creativa porque si no llega a estar el "buelo" la lÃa parda.

Aprendiendo de la experiencia ya no usamos el cuchillos, pasamos a la maquinaria industrial. Taladradora para las formas y para hacer adornos y cortadora industrial que hizo que todo quedara requete mono y súper rectito...
Claro, si solo enseñas el resultado y no cuentas la peripecia de hora y media de lucha encarnizada todos piensan que hacer una calabaza es guay. Eso si, la amortizamos, persona que salÃa de casa se la llevaba. A los dos dÃas se empezó a poner pocha y un dÃa misteriosamente desapareció para siempre...

Fueron muchos nenes, algunos disfrazados, otros de calle, y Eva se puso a pintar cosas mientras los niños saltaban y hacÃan el borrico y las niñas hacÃan fantasmas con pestañas y corazones.
Cada loco con su tema. Después de dos horas de ingesta desmedida de glucosa y todos al borde de la muerte por coma diabético la noche nos hizo levantar el chiringuito muy a nuestro pesar.
De la fiesta me quedo con el pastelón de Cookita. Que era naranja. Y con Dani, que es mi referente de como hacer el bruto en la vida. Las niñas no me gustan. Vikingo trepa mogollón de bien. Y poco más a parte de confirmar lo buenas que están las nubes.
El año que viene más, que al final la decisión de celebrarlo me está gustando.
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